HOMENAJE A ROQUE GARCÍA (1931-2011)

El jueves 15 de diciembre de 2011 se realizó un sencillo homenaje a la memoria del Ing. Agr. Roque César Augusto García, fallecido el 24 de agosto del mismo año, quién fuera profesor de Botánica de innumerables generaciones de agrónomos que nos formamos en esta Facultad.

El homenaje consistió en la plantación de un ‘lapacho rosado’ en el predio del Parque J. F. Villarino. Asistieron familiares y amigos del Ing. García, autoridades, colegas de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas, personal docente y no-docente y estudiantes de nuestra casa. Tras la presentación del señor Decano, Ing. Agr. MSc Guillermo Montero, habló el Dr. Darién E. Prado de la Cátedra de Botánica para referirse a la afable personalidad de nuestro querido Roque.

Se transcriben a continuación las palabras ofrecidas en su memoria:

A LA MEMORIA DE ROQUE GARCÍA
Nadie puede dudar que nuestro querido Roque García amaba las plantas en toda su diversidad. Y si ciertas plantas amó un poco más por sobre otras, esas fueron las Palmeras y las Bignoniáceas, muy en particular a los ‘lapachos’ que tan meticulosamente estudió.

Hoy estamos aquí para celebrar el recuerdo de Roque, y qué mejor que plantar un ‘lapacho rosado’ en su memoria. Pero además no podrá haber mejor homenaje para él, que preparó con otros colegas un libro sobre el Parque Villarino, que plantar un árbol aquí mismo. Sin dudas amó este parque también, al que conocía de punta a punta: dónde estaba cada especie, lo recorrió infinidad de veces para juntar material o dando clases de campo.

En los últimos días le he preguntado a varios colegas sobre cuáles eran las virtudes de Roque y fui tomando nota:

  • un caballero
  • siempre dispuesto a compartir lo que sabía
  • memorioso y paciente
  • su honestidad intelectual y sabiduría
  • su generosidad
  • su humildad

Ayer leí rápidamente una descripción sencilla del lapacho rosado y extraje lo siguiente: «árbol sin espinas… de hermosa floración generosa… follaje caduco… madera fuerte… corteza medicinal».

Qué interesante paralelo, me dije. Estoico como un árbol, jamás mostró sus espinas: nunca le escuché quejarse ni criticar a nadie. Humilde como un lapacho invernal, sin hojas y sin flores, florecía generosamente ofreciendo su conocimiento a quien lo demandase. Paciente como un árbol (¡qué más paciente que un árbol, que no puede moverse de donde está!) llevó impresos en su corteza los golpes que le dio la vida sin un reproche…

Y cómo habrá sido de fuerte su madera, si soportaba el dolor silenciosamente.

Cuando Roque ya agonizaba, su hermano nos contó la historia de un viaje de Rosario a Banfield en un R12, y cuando llegó alcanzó a bajar del auto y cayó desmayado por una tremenda hemorragia interna. Comentó el hermano: «¡El dolor que debe haber soportado!». En nuestra cátedra siempre supo prever los problemas académicos, y siempre, SIEMPRE, junto con el diagnóstico daba la solución, el remedio que venía de su corteza, rugosa por la experiencia.

Aún hoy siento la falta de este sabio hombre de consulta que fue Roque para nosotros, y muchas veces me descubro pensando «Pucha, si Roque estuviera aquí…» La verdad es que lo extraño. Hace cinco años, el 1º de diciembre de 2006, dije públicamente que su rol de viejo sabio iba a quedar vacante, y aún lo está. Tal vez en los años venideros, cuando alguno de nosotros sienta dudas y precise de su consejo pausado y tenaz, nos vean echados a la sombra de este lapacho, esperando adormilados su palabra sabia.

Roque dio parte de su vida en este parque.
Ahora, este parque le va a dar vida a su recuerdo.

Join the discussion 2 Comments

Leave a Reply