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El tomate es una hortaliza originaria de
América que fue conocida por los españoles a su llegada a
México. Su nombre deriva de la expresión náhuatl, de la
lengua náhuatl utilizada por los indígenas aztecas y que los
colonizadores castellanos tradujeron por tomate. Este vocablo
es con el cual se lo reconoce en la mayor parte de los idiomas
occidentales.
El centro de origen es la región andina que hoy comparten
Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile y también en las
Islas Galápagos. El lugar donde se produjo la domesticación ha
sido objeto de discusión, no obstante las evidencias parecen
indicar que México sería el área mas probable a pesar de la
distribución el género en Sudamérica. Esto se basa que a la
llegada de los españoles al Nuevo Mundo no existía en los
países sudamericanos tradición sobre su uso como alimento
mientras que si estaba integrado en la cultura azteca y en la
de otros pueblos de Centroamérica.
Su llegada a la vieja Europa la hizo a
través de España a mediados del siglo XVI, de ahí pasa a
Italia y de ésta a Francia. El tomate, como la mayor parte de
los alimentos llevados a Europa desde el Nuevo Mundo, no
triunfó inmediatamente. En un principio fue más valorado como
planta ornamental, por sus flores amarillas y sus frutos rojo
y amarillos, que como alimento. Los franceses lo bautizaron
inicialmente como pomme d´amour, manzana del amor, pero
éste no fue el único bello nombre dado en Europa. Los
italianos le llamaron poma d´oro, manzana de oro, de
donde deriva su actual nombre en italiano, pomodoro, y los
alemanes lo llamaron Paradisapfelo, manzana del paraíso. A
finales del siglo XVIII los tomates se cultivaban en todos los
huertos y jardines de España y fue difundido por el mundo,
tanto por los españoles como por los portugueses, a través de
las colonias. La introducción en los EE.UU.. fue tardía,
siendo realizada por los colonos del Viejo Mundo en el siglo
XVIII, ya que recién se hace referencia en 1782 al cultivo de
tomate en Virginia.
En Argentina la vida post-cosecha de los frutos es
comercialmente importante debido a las grandes distancias
existentes desde los centros de producción hasta los mercados
consumidores. Por lo tanto, adquieren gran importancia la
firmeza de los frutos y la vida post-cosecha para poder
soportar los procesos de clasificación, empaquetado y
transporte.
La decisión inicial de la compra por parte del consumidor se
realiza sobre la base de los atributos externos del tomate que
pueden ser percibidos por la vista y el tacto (color y forma)
y la adquisición posterior dependerá de la evaluación que
efectúa en el momento del consumo (sabor, aroma,
consistencia).
En nuestro país el mejoramiento genético de especies
hortícolas es escaso en relación con el desarrollado en otras
áreas de la agricultura. Esto ha determinado que la mayoría de
la semilla disponible sea importada y por ende de alto costo.
Una forma de revertir esta situación es que se desarrollen en
el país programas de mejora hortícola que aporten nuevos
materiales. Se han identificado dentro de la especie cultivada
algunos mutantes espontáneos que alteran el proceso de
madurez. Los frutos de estos mutantes presentan una vida en
estanterías mayor o simplemente larga vida pero producen
efectos negativos sobre otros caracteres de valor comercial.
Los materiales larga vida existentes en nuestro mercado son
híbridos importados que se lograron, con las técnicas
tradicionales de mejoramiento genético, incorporando a las
variedades estos genes mutantes. Estos híbridos tienen el
inconveniente de ser medianamente aceptados por el consumidor
por las modificaciones en el color, el sabor, la textura y el
aroma.
Paralelamente en los últimos años se han realizado
considerables progresos para prolongar la vida en estantería
de los frutos recurriendo a estrategias biotecnológicas. Las
plantas de tomate así transformadas producen frutos que
retardan su proceso de madurez permaneciendo intactos por
extensos períodos de tiempo. Esta metodología requiere gran
inversión económica antes de obtener resultados y a la vez
enfrenta una marcada resistencia por parte del consumidor para
adquirir alimentos genéticamente modificados. En el mercado
argentino no existen tomates transgénicos.
Las especies silvestres de tomate representan una importante
fuente de variabilidad genética para incluir en el
mejoramiento del cultivo. Estas especies silvestres presentan
frutos de alta calidad nutritiva con menor tamaño y peso que
el tomate cultivado y muchos frutos por racimo.
Estos antecedentes determinaron la puesta en marcha de un
proyecto de investigación en Mejoramiento de tomate. Nuestro
grupo observó que híbridos entre la especie silvestre y la
cultivada (obtenidos por cruzamientos manuales) presentaban
una mayor vida en estantería de los frutos. A través del
cruzamiento entre las dos especies y posterior selección
divergente, se derivaron líneas con larga vida, que a
diferencia de los tomates larga vida existentes actualmente en
el mercado manifiestan un color rojo uniforme, intenso y
luminoso y un agradable sabor por el equilibrio entre los
azúcares y la acidez que tienen sus frutos.
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