Publicación cuatrimestral de la Facultad de Ciencias Agrarias - UNR -Distribución gratuita  

 

   03 | 2002
 

Dra. Liliana Picardi
Ing. Agr. Roxana Zorzoli
Ing. Agr. (Msc.) Guillermo Pratta
Ing. Agr. Gustavo Rodríguez
Ing. Agr. Roberto Lorea
Cátedra de Genética

Facultad de Ciencias Agrarias
Universidad Nacional de Rosario
 
Tomates silvestres: color y sabor con larga vida
 

El tomate es una hortaliza originaria de América que fue conocida por los españoles a su llegada a México. Su nombre deriva de la expresión náhuatl, de la lengua náhuatl utilizada por los indígenas aztecas y que los colonizadores castellanos tradujeron por tomate. Este vocablo es con el cual se lo reconoce en la mayor parte de los idiomas occidentales.

El centro de origen es la región andina que hoy comparten Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile y también en las Islas Galápagos. El lugar donde se produjo la domesticación ha sido objeto de discusión, no obstante las evidencias parecen indicar que México sería el área mas probable a pesar de la distribución el género en Sudamérica. Esto se basa que a la llegada de los españoles al Nuevo Mundo no existía en los países sudamericanos tradición sobre su uso como alimento mientras que si estaba integrado en la cultura azteca y en la de otros pueblos de Centroamérica.

Su llegada a la vieja Europa la hizo a través de España a mediados del siglo XVI, de ahí pasa a Italia y de ésta a Francia. El tomate, como la mayor parte de los alimentos llevados a Europa desde el Nuevo Mundo, no triunfó inmediatamente. En un principio fue más valorado como planta ornamental, por sus flores amarillas y sus frutos rojo y amarillos, que como alimento. Los franceses lo bautizaron inicialmente como pomme d´amour, manzana del amor, pero éste no fue el único bello nombre dado en Europa. Los italianos le llamaron poma d´oro, manzana de oro, de donde deriva su actual nombre en italiano, pomodoro, y los alemanes lo llamaron Paradisapfelo, manzana del paraíso. A finales del siglo XVIII los tomates se cultivaban en todos los huertos y jardines de España y fue difundido por el mundo, tanto por los españoles como por los portugueses, a través de las colonias. La introducción en los EE.UU.. fue tardía, siendo realizada por los colonos del Viejo Mundo en el siglo XVIII, ya que recién se hace referencia en 1782 al cultivo de tomate en Virginia.

En Argentina la vida post-cosecha de los frutos es comercialmente importante debido a las grandes distancias existentes desde los centros de producción  hasta los mercados consumidores. Por lo tanto, adquieren gran importancia la firmeza de los frutos y la vida post-cosecha para poder soportar los procesos de clasificación, empaquetado y transporte.

La decisión inicial de la compra por parte del consumidor se realiza sobre la base de los atributos externos del tomate que pueden ser percibidos por la vista y el tacto (color y forma) y la adquisición posterior dependerá de la evaluación que efectúa en el momento del consumo (sabor, aroma, consistencia).

En nuestro país el mejoramiento genético de especies hortícolas es escaso en relación con el desarrollado en otras áreas de la agricultura. Esto ha determinado que la mayoría de la semilla disponible sea importada y por ende de alto costo. Una forma de revertir esta situación es que se desarrollen en el país programas de mejora hortícola que aporten nuevos materiales. Se han identificado dentro de la especie cultivada algunos mutantes espontáneos que alteran el proceso de madurez. Los frutos de estos mutantes presentan una vida en estanterías mayor o simplemente larga vida pero producen efectos negativos sobre otros caracteres de valor comercial. Los materiales larga vida existentes en nuestro mercado son híbridos importados que se lograron, con las técnicas tradicionales de mejoramiento genético, incorporando a las variedades estos genes mutantes. Estos híbridos tienen el inconveniente de ser medianamente aceptados por el consumidor por las modificaciones en el color, el sabor, la textura y el aroma.

Paralelamente en los últimos años se han realizado considerables progresos para prolongar la vida en estantería de los frutos recurriendo a estrategias biotecnológicas. Las plantas de tomate así transformadas producen frutos que retardan su proceso de madurez permaneciendo intactos por extensos períodos de tiempo. Esta metodología requiere gran inversión económica antes de obtener resultados y a la vez enfrenta una marcada resistencia por parte del consumidor para adquirir alimentos genéticamente modificados. En el mercado argentino no existen tomates transgénicos.

Las especies silvestres de tomate representan una importante fuente de variabilidad genética para incluir en el mejoramiento del cultivo. Estas especies silvestres presentan frutos de alta calidad nutritiva con menor tamaño y peso que el tomate cultivado y muchos frutos por racimo.

Estos antecedentes determinaron la puesta en marcha de un proyecto de investigación en Mejoramiento de tomate. Nuestro grupo observó que híbridos entre la especie silvestre y la cultivada (obtenidos por cruzamientos manuales) presentaban una mayor vida en estantería de los frutos. A través del cruzamiento entre las dos especies y posterior selección divergente, se derivaron líneas con larga vida, que a diferencia de los tomates larga vida existentes actualmente en el mercado manifiestan un color rojo uniforme, intenso y luminoso y un agradable sabor por el equilibrio entre los azúcares y la acidez que tienen sus frutos.