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Los suelos afectados por problemas de salinidad/alcalinidad y
deficiente drenaje, en general, en la región, se encuentran en
los sectores del paisaje de relieve deprimido (pie de loma y
bajo) pertenecientes a las áreas de subsidencia,
frecuentemente, en la desembocadura de las cuencas.
Están íntimamente asociados a las características del paisaje,
y su distribución espacial copia principalmente dos rasgos de
alta impronta, el relieve y la dinámica hídrica superficial y
subterránea. Habitualmente representados por asociaciones y
complejos reciben aportes de manera más o menos organizada de
agua y sedimentos desde sectores más elevados, y en la mayoría
de las situaciones, de agua subterránea bajo la forma de
ascenso de la napa freática.
Existe una creciente y sostenida intención de incorporar parte
de estos ambientes a la producción agrícola, casi
exclusivamente sojera, como la de aumentar su productividad
forrajera a través de la implementación de prácticas
tecnológicas orientadas a optimizar sus condiciones naturales,
conduciéndolas a niveles más rentables compatibles con una
ganadería también más exigente.
Brevemente, es posible mencionar que la condición de estos
suelos posee dos orígenes, uno primario, relacionado con la
temperización química de minerales, los que por hidrólisis,
hidratación, oxidación y descarbonatación dan como resultado
Na+ K+ Ca++ Mg++
Cl- SO4-- HCO3-
y H2CO3, y otro secundario, vinculado a
la actividad de las napas que aportan sales solubles. Esta
última es la responsable de reubicar sales por migración
ascendente, condicionada por su salinidad y profundidad
crítica, dos factores de extrema influencia. Precisamente la
dinámica está relacionada con la estación climática y el
balance hídrico areal, y la velocidad del flujo de la napa con
la anisotropía y granulometría del perfil, la mineralización
de la solución, la profundidad y la regulación oscilatoria.
Para categorizarlos se recurre a la clasificación americana de
suelos, Soil Taxonomy, que adopta el valor de 2 dS/m como
límite para determinar el carácter salino a nivel de gran
grupo y subgrupo, mientras que el Laboratorio de Salinidad de
los EE.UU. ha establecido el límite de 4 dS/m.
Así, en base a la CEs el United States Salinity Laboratory
de Riverside, se establecen los grados de salinidad (Tabla
1)
Tabla
1: Grados de Salinidad |
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Nota:
La CEs refleja la concentración de sales solubles
en la disolución: 1 mmhos/cm = 1 dS/m |
También,
utilizando la conductividad eléctrica y el porcentaje de
sodio intercambiable del complejo de cambio se los clasifica
en salinos, salinos-alcalinos y alcalinos (Tabla 2 y Figura
1)
Tabla
2: Clasificación de suelo en función
de la conductividades eléctrica y porcentaje
de sodio intercambiable |
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Figura
1: Tipos de suelo: sales y sodio |
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Desde
el punto de visa físico-mecánico y también hídrico es posible
sintetizar la naturaleza de estos suelos, a riesgo de resultar
simplista, en una relación de fuerzas electroquímicas. Así,
de la interacción de las fuerzas de repulsión electrostáticas
vs. las de cohesión gobernada por los cationes surge el
estado de mayor o menor expansión o compresión de la ya
conocida doble capa difusa alrededor de las arcillas, dando
como resultado la dispersión (Na+ > K+
> Mg++ > Ca++) o floculación
respectivamente.
La floculación es un cementante natural con partículas de limo
y arena, que aumenta la estabilidad estructural.
Las arcillas sódicas cuando se hidrolizan en presencia de CO2
se transforman en coloides inestables que complican aún más la
dinámica edáfica y solamente en presencia de materiales
importados al suelo ricos en Ca++ se alcanza la
neutralización a partir de la reconstrucción de las arcillas
cálcicas y la disminución del pH.
Manejar un suelo con alta carga salina y/o alcalina aspirando
al objetivo de optimizar sus condiciones para incrementar la
productividad, requiere de la definición de dos premisas:
De un enfoque amplio y concreto sobre la situación que se
actúa.
Del reconocimiento de los reales pilares que sostienen la
expresión de este tipo de ambiente.
Es entonces en términos de ambiente que deben concebirse estas
unidades de paisaje cuando se propone una estrategia de
intervención.
Ambientes con una particular inercia, es decir, con una
resistencia al disturbio, a un agente causal de alteraciones
estructurales y funcionales, en estos casos, a los eventos
tecnológicos a implementarse en la búsqueda de una mejora
productiva.
Las tecnologías se convierten en inhibidoras o catalizadoras
de los procesos que controlan las respuestas inerciales
de los ambientes. Por tal razón un plan de manejo debe concentrarse
en el planteo de estrategias de shock (alta magnitud de
intervención) o ajustes (corrección moderada de desfasajes)
que controlen los factores o componentes que definitivamente
cumplen ese rol. La selección de una u otra dependerá fundamentalmente
de las características de la condición natural y del espectro
de recursos disponibles (Diagrama 1).
Diagrama
1: Catalizadores o inhibidores de procesos:
propuestas tecnológicas |
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Respecto
a los soporte del ambiente, sin duda la relación temporoespacial
de los siguientes cuatro ejes determina su comportamiento
inercial, ellos son: dinámica hídrica, materia orgánica
edáfica, vegetación y la concentración de sales y sodio
en el suelo (Diagrama 2).
Diagrama
2: Comportamiento inercial del ambiente |
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Sólo
por ejemplo, es válido mencionar la vinculación entre el
pH y la CIC según la proporción del aporte realizado por
la fracción orgánica o mineral; la distribución espacial
dentro del perfil de las sales solubles; la relación entre
potencial agua y los potenciales osmóticos y gravitacional;
y la composición botánica de los grupos funcionales, abundancia
y cobertura de las especies que integran el tapiz florístico.
La secuencia operativa para definir las actividades a seguir
se representa en el Diagrama 3.
Diagrama
3: Secuencia operativa para definir las actividades
a seguir |
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Asumido
el enfoque, conocidos los ejes de acción y establecido la
articulación de tareas, se impone un relevamiento de las
limitantes edáficas a la productividad de la situación,
con el fin de disponer de elementos para identificar diferentes
ambientes y con ello distintas estrategias de manejo.
Las limitantes más frecuentes son:
Condición físico-mecánica
- elevada proporción de partículas dispersas
- compactaciones (costras, pisos, pisoteo y amasado)
- baja estabilidad estructural
- baja permeabilidad
- poca aireación
- límites abruptos
- restringida oportunidad de laboreo
- condiciones adversas para el crecimiento radical
Condición físico-química
- pH alcalino
-Salinidad y sodicidad
Condición química
- baja solubilidad de P, Ca, Fe, Mn, micronutrientes
Condición biológica
- alteraciones en la degradación de MO y en la actividad
microbiana
Presentan marcado anisotropismo físico, físico-químico y
biológico
Alteración en la captación y almacenaje de agua
Potencial hídrico desequilibrado: Pmátrico + Pgravitacional
+ Ppresión + Posmótico
Dificultades en la germinación y crecimiento de las
plántulas
Las pautas de manejo deberán estar orientadas a la
intervención en las características de los diferentes
ambientes o unidades hidrotopoedáficas y florísticas (UHTEF),
convenientemente georreferenciadas, centradas principalmente
en la dinámica hídrica superficial y subterránea, datos
analíticos edáficos y caracteres de la vegetación.
En las UHTEF podrán ser aplicadas según el criterio adoptado
una o más prácticas tecnológicas, tales como:
a. Implementación del drenaje superficial o subterráneo
b. Fisuración vertical en profundidad
c. Aplicación de correctores químicos o enmiendas orgánicas
d. Utilización de mulch artificial en peladares, también
"cicatrización"
e. Preservación del tapiz natural
f. Implantación de pasturas de reemplazo o revegetación
g. Uso de la fertilización como dinamizador de la fitomasa:
macro micronutrientes
h. Rotación de la UHTEF con cultivos tolerantes
i. Coordinación del pastoreo
Cada una de estas prácticas deberá analizarse según las
premisas antes mencionadas, y considerar que las
intervenciones tecnológicas influirán sólo en un escaso
espesor del perfil, de acuerdo al tipo de intervención.
Principalmente es la primera interfase física sobre la que
resulta factible actuar con mayor éxito. Son estratos de pocos
centímetros donde se producirán los cambios -shock o ajustes-,
y es precisamente el reaseguro de la modificación futura del
suelo a fuerza del mejoramiento de una delgada capa edáfica.
Es posible entonces, producir pequeños grandes ascensos de
calidad sin contravenir en demasía la esperada inercia
ambiental, consolidando nuevos arreglos en las estructuras
HTEF.
Para conocer la medida del cambio debe recurrirse a
indicadores o verificadores de éxito que muestren las
diferencias con plan/antes plan. Algunos de ellos se sugieren
a continuación:
* Profundidad de la napa
* Tenores de salinidad y sodicidad
* Condición físicoquímica
* Estabilidad estuctural
* Calidad de la nutrición edáfica
* Distribución estacional de la biomasa
* Productividad primaria aérea de las especies forrajeras
dominantes
* Broza: calidad y espesor
* Variables estructurales de las especies (cobertura y
altura)
* Índices de diversidad, equitatividad y predominio de
especies
* Modelos de crecimiento de las especies
* Carga animal
* Productividad del sistema
Es importante tener en cuenta que si los ambientes son
diferentes, las estrategias también lo serán, los límites de
los alambrados no deben ser también los de la concepción de
los planes de manejo de situaciones tan complejas e
inerciales. |